La rutina, que gran caballo de batalla en el mundo de las relaciones de pareja.

Es un concepto que muchos consideran negativo, e incluso un preámbulo de una futura ruptura.

Incluso algunas personas han utilizado la rutina para justificar una infidelidad o un desliz sentimental.

He visto a muchas parejas que bajo la idea de rutina disfrazan otras carencias como falta de comunicación o incluso falta de atracción hacia la otra persona.

Nadie es culpable de llegar a una situación como esa, pero sí somos responsables de  dejar las cosas a merced del tiempo.

Casi todo el mundo relaciona directamente rutina con tiempo. Relaciones largas que hacen que se pierda el interés por la otra persona, ya sea por un tema de simple exposición o por situaciones vividas acumuladas. Lo que está claro es que aunque sería muy deseable, no podemos disociarnos y mucho menos y por arte de magia transformarnos a la hora de llegar a nuestro dormitorio.

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La rutina está más relacionada, desde mi punto de vista con otros factores diferentes al tiempo, como puede ser la compatibilidad sexual, el nivel de libertad sexual que vive cada uno, el grado de deshinibición, la educación sexual recibida, los miedos, las ganas de aprender y el reparo en hablar con el otro de lo que nos gusta.

El tiempo es rutina, pero también es conocimiento. El número de parejas que disfrutan más de la sexualidad un vez que se han conocido es enorme, y si la pasión es la primera etapa de las relaciones e implica lógicamente épocas de desenfreno sexual, es también la etapa del no conocimiento interno del otro.

¿En qué momento podemos decir que conocemos al otro? ¿Depende del tiempo, de las experiencias vividas?

Quizá todos nos jactemos de saberlo y tenerlo claro, pero en el terreno sexual siempre aparecen los puntos suspensivos.

Siempre que empiezo una terapia sexual hago un ejercicio con las parejas, para evaluar el nivel de intimidad y conocimiento sexual que tienen realmente el uno del otro.

Consiste en que cada uno de los miembros de la pareja cubra una encuesta sobre los gustos sexuales propios y del otro y luego lo comenten entre ellos.

El objetivo que se persigue es sobretodo fomentar el diálogo, muy deteriorado a veces en el terreno sexual y facilitar información al otro.

Ante la lectura de las preguntas siempre veo las mismas reacciones: “lo tengo claro”, “pues no sabría por dónde empezar”, “esas cosas debería saberlas el otro u otra, si se dicen se acaba la magia” o directamente “estas preguntas no son para mí, me dan mucha vergüenza.

Es por tanto fundamental, para no caer en lo que todos denominamos rutina, hablar.

Cada uno de nosotros sabe lo que nos gusta y lo que no, nuestras fantasías y nuestras prácticas preferidas. Si dejamos que el otro intuya lo que nos gusta, lo hará en función de su concepto de sexo y lo que él o ella supone que le gusta al otro.

Esto solo garantizará en el futuro, rutina y contra ella luchamos todos, no?

 Os dejo aquí algunos consejos  que os ayudarán a mejorar vuestra intimidad:

  • Conócete a ti mismo y a tí misma
  • Comparte tus gustos con tu pareja y enséñale lo que te gusta
  • Sino te sientes cómoda con algo dilo, no tengas miedo a que te juzguen por ello
  • Dedícale tiempo a tu intimidad, busca huecos en tu agenda, siempre los hay

Carla Sáenz de Miera

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